Despreocupado, Haydn construye
esta melodía mía dentro de la suya
sin presentir siquiera que imaginó
mi historia y yo no me di cuenta.
Todo es perfecto:
la tarde de otoño, un acorde
y la pereza de un parque
que se extiende como un manto.
El cenit de los ensueños
está próximo como una mano ausente
que aún me anima a intentarlo
a pesar de los riesgos que entraña.
Como todas las verdades últimas
implica y requiere de coraje.
Asumir los accidentes del camino
es más que un designio, en estos casos.
Siento que me elevo,
que puedo ser un pájaro
sin despegar mis pies de la tierra.
Sin embargo, me pregunto cómo puedo
ser temerario si sigo aquí en mi silla,
inmóvil como un patio.
Será que anochece
y no cabe otra cosa
que esperar la luz y la confianza.

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