que descansa entre algodones.
Apenas una estrella sonriente
desprendida del cielo de Flores.
Ayelén es mi infancia mejorada
y energía constante, bienhechora.
Es un conejito dulce;
apenas el comienzo de una aurora.
Guarda mis versos, seguro, sin saberlo,
y la sabia palabra de la madre.
En su sangre incipiente cabe todo.
Hasta lo que Dios, aparte, quiso darle.

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