jueves, 21 de julio de 2011

ÁNIMO

Mi alma es un parque solo
cuando el crepúsculo avanza
ahogando al tenue sol.
No grita exigiendo su regreso
ni tampoco se alegra con la noche.
Apenas transita y calla.
Vive un presente apurado
de recuerdos y espesuras.
Escala un tiempo angular, tibio,
en donde refugiar su encono.
Y dibujar un rostro, un encuentro,
se le ha hecho hábito.

Yo le digo que viva.
Que la luna aún le pertenece
y que no hay más sueños
que los suyos.
Sin embargo se estremece
de sombras y avenidas  
sin decir siquiera una palabra
y no deja más rastro que un olvido.

Ya sé, alma,
que las esquinas pasaron
y las luces son luciérnagas
y el invierno (¡ese amado invierno!)
una estación truculenta
y mi voz el eco de un zumbido.

También sé
que mi barrio soy yo y allí se agota.
Que una pena cabe en un acorde
en plena madrugada de domingo.
Y  que el tango (¡ese punzante tango!)
dejó nuestra vereda y cruzó la calle
para medir mejor su golpe.

¡Vamos alma!, le digo
vestite de esperanza y salgamos esta noche
que si vos podés, yo puedo.
Y le invito una ginebra sin decir más nada
en la mesa más gastada de un café de Boedo.

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