cuando uno lleva puesto
el hastío de los días.
No es estar cansado de la vida
pero sí de atardeceres vacíos
que no prefiguran nada
ni saben de sueños que a uno
lo impulsen a desafiar lo conocido.
Vivir debe ser una constante
que trascienda la rutina y la deje
mortecina y agónica a la vera
de un camino poco transitado.
No hay nada que alcance
cuando uno lleva puesto
el hastío de los días.
¿Quién vendrá a rescatarme
de todo este maremagnum
que junta otros veranos con
algunos otros otoños?
¿Quién podrá decirme seguro
que hay que ser feliz
a cualquier costo?
Vivir debe ser una recta
que se defina como una sumatoria
de puntos que sonrían y dejen
una huella de sabores y acechanzas.
Observo y no entiendo
cómo el amor se diluye
común y ordinario entre una bruma
que se acepta sin siquiera intentar
desterrarla como a un enemigo.
Pienso y no comprendo
cómo todo se neutraliza y se aja
en luceros nacientes y soles
que imponen el ritmo y los efectos.
Por eso el hombre y nada más
que el hombre ha de ser quien
defina el límite de las horas y los tiempos
al margen del trabajo y los caminos
del sueño y del cansancio
para rescatar con ojeras incluidas
al amor que no especula
con horarios, estaciones o salarios.
