lunes, 19 de diciembre de 2011

ROPAJE

No hay amor que alcance
cuando uno lleva puesto
el hastío de los días.
No es estar cansado de la vida
pero sí de atardeceres vacíos
que no prefiguran nada
ni saben de sueños que a uno
lo impulsen a desafiar lo conocido.
Vivir debe ser una constante
que trascienda la rutina y la deje
mortecina y agónica a la vera
de un camino poco transitado.
No hay nada que alcance
cuando uno lleva puesto
el hastío de los días.
¿Quién vendrá a rescatarme
de todo este maremagnum
que junta otros veranos con
algunos otros otoños?
¿Quién podrá decirme seguro
que hay que ser feliz
a cualquier costo?
Vivir debe ser una recta
que se defina como una sumatoria
de puntos que sonrían y dejen
una huella de sabores y acechanzas.
Observo y no entiendo
cómo el amor se diluye
común y ordinario entre una bruma
que se acepta sin siquiera intentar
desterrarla como a un enemigo.
Pienso y no comprendo
cómo todo se neutraliza y se aja
en luceros nacientes y soles
que imponen el ritmo y los efectos.
Por eso el hombre y nada más
que el hombre ha de ser quien
defina el límite de las horas y los tiempos
al margen del trabajo y los caminos
del sueño y del cansancio
para rescatar con ojeras incluidas
al amor que no especula
con horarios, estaciones o salarios.   

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