miércoles, 18 de enero de 2012

LUCEROS Y ASTROS



Luceros y astros me sobran
y soles y lunas y atardeceres.
No es soberbia. Es apenas
destacar nostalgias y ansias
que no deseo verlas convertidas
en el polvo de un camino muerto.
Luceros y astros me dicen
que puedo romper en una noche
o en cien o en miles
la constancia de un olvido
a fuerza de versos invencibles.
Tu miedo de leerlos me lo confirma.
Tampoco es soberbia. Es una convicción
que me llega de antiguos días
de niebla y trenes cuando la tarde
definía al invierno como una cuestión
a resolverse en estrofas y un ventanal
inventaba un sol como una gema.
Días de niebla y trenes
que todavía juegan, silenciosos,
en una esquina que vimos
con ojos despreocupados y que hoy
trato y me empeño en saber quién la tiene.
Quién ha guardado el misterio
de una modesta vereda suburbana
y los ensueños tristes de un crepúsculo
caminado con la mirada incipiente
y una altivez casi natural.
Luceros y astros comprenden
que a pesar de todo, puedo empinarme
y cantar. Cantar venciendo a todo:
a tu olvido con forma de playa
y a tu miedo que es puro silencio.

    

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