que observo esta tarde
en desconocido regreso
no sienta tanta tristeza.
Quizás porque los árboles, para él, sean punto de apoyo, refugio obligado y no prolegómeno de angustias, de repetida noche.
Y comparo mi vuelo:
a veces tan inútil como la necesidad
de hablarle a una sombra.
Lo he visto en el Parque Lezama
y me parece que es el mismo
que alguna vez quiso alcanzarme
y yo, soberbio de todo,
ni siquiera dejé una esperanza.
Lo he visto, dichoso,
esparcir su trino augural
invitándome a su altura
y yo, insensible a su ternura
tampoco pude alternar un verso.
Yo tengo donde regresar
y sin embargo la tristeza es sólo mía.

No hay comentarios:
Publicar un comentario