en esta descendente tarde de Mayo.
Me esfuerzo y lucho por afirmarme a la tierra, pero es inútil.
No veo más que un río caudaloso y lento y me habita una canoa, un pescador.
Esencia pura de tu tiempo
son esa tierra y ese cielo que ahora veo,
en donde pude, silencioso y profundo,
recrear anocheceres y luceros.
Soy una tristeza litoral
aturdida de sueños y palabras.
Pureza y ternura de las cosas
que hice mías como una lluvia deseada.
Los gritos inocentes de la siesta
cercan mi corazón y lo invaden tercamente
y yo, sin atinar a defenderme,
le doy la bienvenida a tu bandera.

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